domingo, 12 de marzo de 2017

Deshazte del perfeccionismo




El perfeccionismo es uno de los hábitos más improductivos que conozco, y aunque goza de cierta buena prensa en algunos sectores como el empresarial al relacionarse con la meticulosidad, con el trabajo bien hecho y con el éxito, puede llegar a amargarte la existencia. Se piensa de forma errónea que querer hacer las cosas siempre lo mejor posible nos lleva a obtener los mejores resultados…, y esto no es exactamente así, pues no es lo mismo ser exigente que ser perfeccionista.

Una persona exigente se plantea objetivos elevados pero alcanzables y sabe cuando tiene que parar. Mientras que un perfeccionista nunca tiene bastante, nunca le parece que su trabajo esté lo suficientemente bien hecho, por lo que no acaba sus tareas pues nunca le parece que estén del todo bien.

La procrastinación (la tendencia a posponer constantemente una tarea) es consecuencia directa del perfeccionismo. Por eso, contrariamente a lo que se cree, el perfeccionismo es un gran enemigo de la productividad.

Las características principales del estilo perfeccionista son: 1) establecer objetivos inalcanzables, tanto para uno mismo como para los demás, 2) la tendencia a usar pensamientos absolutos, del tipo “todo o nada” cuando se evalúan las propias acciones, es decir, o está perfecto o no vale; lo que lleva a considerar como fracaso todo lo que no supere unos elevados niveles de exigencia, no realistas, y 3) fijarse sólo en los pequeños errores en lugar de fijarse en los progresos.

De manera que el perfeccionista es una persona atormentada por la sensación de fracaso y llena de ansiedad por no poder cumplir con lo que se propone. Este estilo puede darse en una o dos áreas de la vida de una persona, o puede dominar toda su existencia.

La buena noticia es nadie está condenado a ser perfeccionista toda su vida. Se puede rebajar el nivel de perfeccionismo si se sabe cómo.

Para ello lo primero será relativizar el hecho de cometer errores. El perfeccionista busca la perfección, por eso vive cada error como un tremendo fracaso que le paraliza. Pero ha de aprender a equivocarse para comprobar que no pasa nada, que nadie es perfecto. Tiene que desdramatizar el error. Un buen recurso es utilizar las palabras mágicas: “no es para tanto”.

Al perfeccionista le gusta obtener lo mejor y no va a conformarse con otra cosa, y eso está muy bien, pero lo mejor no es lo perfecto, porque lo perfecto no existe. Así que tiene que aprender a fijarse objetivos realistas y alcanzables que rebajen el nivel irreal de sus expectativas. Y para conseguir llegar a los objetivos propuestos lo más práctico será establecer de antemano el resultado que se considera aceptable para poder concluir la tarea. Al menos así se garantiza que la acabará, hecho que reforzará su autoestima. Para conseguirlo, lo siguiente será ponerle un tope de tiempo a la realización de esas tareas, para poder terminarlas aunque no estén del todo a su gusto.

Cuando el problema consiste en querer abarcarlo todo, que nada se escape…, lo mejor será aprender a renunciar a algunas cosas, así se aprende a tolerar la sensación de ansiedad que genera dejar cosas fuera. Para eso, propongo elaborar una lista de las cosas que se quieran abarcar y tan pronto esté terminada, reducirla en un 20%. Por ejemplo, si se han puesto diez tareas, quitar dos por sistema.

Contrariamente a lo que se piensa, esta estrategia reduce notablemente el nivel de ansiedad, pues se trata de aprender a tolerar esa sensación exponiéndose a ello y comprobando que no pasa nada por no cumplir con todo lo previsto de forma inflexible. Es mejor hacer menos pero cumplirlo, que tener la sensación de que nunca se llega a todo lo establecido.

Finalmente, propongo eliminar del discurso los “peros”. El perfeccionista siempre pone un “pero” a las cosas que hace. Su expresión preferida es “está bien, pero…” Se trata de aprender a conformarse con lo que se ha hecho, no buscar lo que falta, y simplemente disfrutarlo. Ya no vale decir “Sí, me salió bien la presentación, pero me faltó un poco de tiempo al final”.

Ahora sólo te queda practicar…


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