La gestión de las emociones
La gestión de emociones es tan importante
porque es lo que determina nuestra actuación futura para enfrentar eficazmente
los contratiempos con los que nos encontramos a lo largo de la vida. Por
ejemplo, gestionar mal una emoción puede dar al traste con una entrevista de
trabajo. Pero, además, la gestión emocional también nos ayuda a estar más
sanos.
Las personas que se “tragan” sus emociones, que no saben
identificarlas o expresarlas, sufren problemas de salud de gravedad variable,
desde úlceras de estómago hasta problemas cardíacos.
Son los problemas psicosomáticos, de los
cuáles seguro que has oído hablar. Se trata de enfermedades cuya causa se
encuentra en el mundo emocional. Y estas enfermedades psicosomáticas, suponen un
coste enorme en gasto sanitario. Por eso, si aprendiésemos desde pequeños
inteligencia emocional, es decir, saber qué hacer con nuestras emociones y cómo
entenderlas, se ahorraría mucho coste a muchos niveles y se obtendría un gran
beneficio.
Para que te hagas una idea, la gestión de
las emociones es la base de la famosa Inteligencia Emocional, que es precisamente
el conjunto de habilidades que nos permite identificar, aceptar y expresar
correctamente nuestras emociones.
Hoy voy a darte unas pautas básicas
para empezar a utilizarla.
Muchas personas no
han aprendido a expresar, reconocer, ni permitirse las emociones y por eso les
da vergüenza hacerlo. Piensan que si lo hacen su imagen social va a quedar
dañada o que los demás les van a percibir como más vulnerables. Pero es justo
todo lo contrario. Cuando alguien sabe gestionar sus emociones resulta mucho
más atractivo. Es la base del liderazgo.
¿Cómo empezamos a
gestionar las emociones?
Primero, sabiendo reconocerlas. Es decir, hay que estar pendientes de lo que
sentimos y ponerle un nombre. “Estoy
triste”, por ejemplo. Después, hay que darse permiso para sentir lo que se
sienta, sea positivo o negativo, rabia, miedo, alegría, etc. Todas las
emociones tienen una función. Si negamos lo que sentimos, tratamos de
esconderlo o lo rechazamos se vuelve más fuerte. Y se cronifica. Hay que
decirse: “me siento triste, no pasa nada,
voy a darme permiso para sentirme así, sólo es una emoción más, no muerde”.
Eso te permitirá dejar de temerlas y controlarlas.
Después, hay que ponerle palabras a las emociones.
Es decir, tienes que nombrarlas. Saber como se llama cada una. Para eso hay que
utilizar muchos nombres diferentes, también adjetivos que las definan bien y
adverbios de cantidad para valorarlas. Por ejemplo: “Estoy especialmente triste o me siento bastante desilusionado…”
Este ejercicio te resultará muy útil para saber
hasta dónde te afecta algo y sobretodo qué lo que te afecta.
Lo siguiente será, hablar de lo que sientes en
primera persona. Sin culpar a nadie. Las emociones son tuyas. Tú eres la
responsable de tus emociones, así que si quieres aprender a gestionarlas tienes
que hacerte cargo de ellas. Utiliza frases del tipo: Yo me siento…, en lugar de Él
me hace sentir…
Esta estrategia no sólo te conecta contigo, sino
que además, te permite independizarte
de la influencia de los demás. Porque cuando piensas que el otro es el
responsable de lo que tú sientes, estás en sus manos!! Parece que si el otro no
deja de hacer lo que hace, tú no podrás dejar de sentirte como te sientes y eso
es mentira. Tú eres la única responsable de tus emociones. Tu decides cómo te
quieres sentir.
Fíjate, si asumes tus
emociones y le comunicas al otro lo que te ha molestado sin esperar a que la
cosa se complique, no solo se facilita el diálogo y la resolución del
conflicto, sino que además, tú ejerces el control real sobre lo que sientes y
no culpas a nadie.
Y así, vas soltando poco a poco la molestia y no haces
una montaña de un grano de arena.
Y finalmente, para gestionar bien tus emociones, tienes
que felicitarte
cuando lo consigas y recrearte en la sensación positiva que te queda
cuando expresas como te sientes.
Ventilar las emociones
cada día, igual que lo hacemos con nuestra casa te dará una increíble sensación
de bienestar y te sentirás renovada.
Recomendaciones:
1. RECONOCE TUS EMOCIONES Y DATE
PERMISO PARA SENTIRLAS. Las positivas y las negativas. Todas tienen una
función. Así tendrás más control sobre ellas y dejarás de temerlas.
2. HABLA EN PRIMERA PERSONA. Tus
emociones son tuyas. Así que no culpabilices a nadie por tenerlas. Utiliza
frases del tipo: Yo me siento…
3. AYÚDATE CON EL LENGUAJE.
Utiliza adjetivos y adverbios de cantidad. Por ejemplo: Me siento muy, algo,
bastante… ALEGRE, TRISTE, ENFADADO. Así te ayudarás a medir lo que sientes.
4. COMPARTE TUS EMOCIONES CUANTO
ANTES. No esperes a que la cosa se complique. Si estás molesto, mejor
expresarlo antes de estar más enfadado.
5. FELICITATE cuando lo hayas
conseguido y RECRÉATE en la SENSACIÓN POSITIVA que te queda una vez que has
EXPRESADO lo que sientes.
Y recuerda que para conseguir buenos resultados tienes que practicar.